Formosa y el 24 de marzo: discursos contrapuestos y privatización ideológica

Compartí

Un día de la verdad y la memoria cargado de represión y violación de los Derechos Humanos

Por Heráclito Gómez

¿Qué se conmemora el 24 de marzo? La respuesta, o respuestas podrían ser muchas, dependiendo de dónde decida posicionarse cada uno, por si existe alguna certeza, es que la conmemoración de este día tiene marcados tintes políticos.

Para algunos, los que se identifican más con las posiciones progresistas, no es ni más ni menos que la “romantización” de la violencia de la década del 70’, en dónde, por una especie de artilugio discursivo, pareciera ser que esa violencia política, aunque deleznable, solo vino de parte del Estado. Entonces, se conmemora, o mejor dicho, se denuncia, que el estado no intervenga con políticas genocidas contra su población.

Demás está decir, que estas posiciones parecen “olvidar”, casi como una máxima Nietzcheana, que la violencia política no fue sólo de los militares, sino también de la sociedad civil, y concretamente, de organizaciones políticas que intentaron subvertir el orden constitucional. Con gobiernos incapaces de detener la locura de una violencia que traspasaba toda la sociedad, la respuesta fue golpear los cuarteles, y que otros hicieran el trabajo que la política no podía encarar.

No pretendo defender el accionar de los militares ni mucho menos, sino sencillamente tratar de trazar algunos paralelos. El “nunca más” tuvo su razón de ser en que el Estado no fuera quien violará los derechos humanos, aunque se ocultó que la violencia no partió inicialmente del estado. Pero dejando de lado esto, el planteo de fondo no es errado: ningún estado debería accionar violentamente contra sus ciudadanos, si estos se encuentran en el marco de la ley.

Es decir, una cosa es protestar contra algo injusto, y otra muy distinta tomar las armas bajo artificios ideológicos para buscar la caída de un gobierno sólo porque creemos que es el camino a la justicia social. Son dos cuestiones radicalmente diferentes, en una el estado debe garantizar que el pueblo manifieste su disconformidad, y en otra “reprimir” (que no quiere decir asesinar) la subversión del orden legal que todos tratamos de respetar.

Este 24 de marzo es distinto, mientras los organismos de Derechos Humanos que crecieron al calor de la dictadura fueron durante años un marco de referencia internacional para luchar contra las injusticias del estado contra sus ciudadanos, hoy pareciera que han variado su rol, y se han posicionado más bien como una especie de “Derechos Humanos Partidarios”.

Concretamente, los organismos que representan estos derechos hoy se encuentran encolumnados en un partido o movimiento político, y pareciera que sólo esos derechos, o los de aquellos cuyas acciones fueron hace 45 años, merecen ser reivindicadas. Mientras tanto, se guarda el mayor de los silencios respecto a los derechos humanos actuales: el mejor ejemplo; Formosa.

Estamos en un 24 de marzo en donde, mientras un sector saldrá la calle a reivindicar la lucha armada, en Clorinda, Formosa, el gobierno manda a reprimir a ciudadanos que protestan por no estar de acuerdo con una medida, la de volver a una cuarentena que ya a estas alturas es inconstitucional. Y eso no es todo, durante estos meses se han conocido muchas violaciones a los derechos humanos en esa provincia, como la encarcelación de personas sin causa, la desaparición por horas de detenidos, el ingreso a viviendas durante la noche para confinar personas, y mujeres que huyen al monte para poder parir.

Las ONG de los DD.HH. brillan por su ausencia, y sólo están preocupadas en el acto de reivindicación de la violencia política de los 70´. El “nunca más” fue la apropiación y la privatización del sentido de los derechos humanos que han hecho estas organizaciones, por eso no importa lo de Formosa, porque algo que debiera ser la defensa de la vida en todas las circunstancias se ha vuelto algo privado, perteneciente a un sector político, y vedado al resto de los seres humanos que habitamos este país.

Creo fundamentalmente en una república, y en instituciones tanto públicas como civiles, pero si estás se privatizan y su sentido empieza a ser tendencioso pierden totalmente su razón de ser. Lo de Formosa ha puesto en jaque a estos grupos, y ha demostrado su verdadera naturaleza. Nunca fue el interés de estos grupos la lucha por la libertad ni los derechos, sino la ideologización de lucha revolucionaria, posicionando como víctimas a quienes, por sus ideales se les “perdona” el haber asesinado a civiles, militares, niños, policías, y hasta curas que no estaban de acuerdo con la “causa”.

Insisto, esto no quiere decir que uno avale la acción militar, pero de ahí a romantizar el asesinato son dos cosas diferentes. La violencia de la dictadura nunca va a ser avalada por quienes queremos una república democrática, pero tampoco puede avalarse la privatización de los derechos, y “festejar” la memoria y la verdad, cuando en una provincia miles de compatriotas sufren la tiranía de políticos dispuestos a cualquier cosa para mantener su poder feudal.

Redacción

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *